Autorretrato desnudo, 1500, Papel, Pluma, Pincel, Tinta y Albayalde. Albrecht Dürer
Rafael
Argullol: En
mi galería de espectros hoy he visto el espectro más íntimo de
Durero.
Delfín
Agudelo: ¿Te
refieres a su autorretrato desnudo que se encuentra en
Weimar?
R.A.: Sí,
a ese curiosísimo autorretrato porque si bien el desnudo tenía una
historia todavía muy joven en el momento en que pintaba Durero -no
hacía ni un siglo que los pintores realmente hacían pintura de
desnudo tanto masculina como femenina- verdaderamente es un hecho
completamente excepcional que un pintor se autorretratara a través
de un desnudo integral y frontal como hace Durero. En ese sentido
veía ese autorretrato como simétrico a aquél en el que el pintor
se retrababa con la grandeza mayestática. Con ese retrato desnudo lo
que quiere mostrar a los espectadores es la pura intimidad, la pura
crudeza de los sentidos. La demostración de que el pintor, de la
misma manera que tiene que aspirar a la interpretación espiritual de
la existencia, tiene que reflejar esa interpretación a través de la
única arma directa con la que cuenta, que es la materia sensorial.
Ninguna materia es más sensorial que aquella de los cuerpos, y
probablemente para un pintor ninguna materia de os cuerpos es más
directa e íntima que aquella en la cual se refleja su cuerpo
desnudo. Esta imagen tiene para mí un efecto revolucionario, un
auténtico punto de inflexión en la historia de la pintura, y aunque
no es demasiado conocida, creo que inaugura caminos que
posteriormente sólo se recordarán en su plenitud prácticamente en
el arte de finales del XIX y del XX, en el expresionismo y en cierto
realismo contemporáneo. Casi diría que entre el desnudo integral y
frontal de Durero y los desnudos, muchas veces también
autorretratos, de los expresionistas, los pintores jamás se
atrevieron a llegar tan lejos.
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